Cuando los niños tienen expresiones emocionales intensas, puede resultar desconcertante para los adultos que deben acompañarlos. A menudo, su enfado provoca el nuestro. Lo más frustrante para nosotros, es probablemente querer reaccionar con calma sin saber qué hacer en situaciones críticas. Te damos consejos y trucos para lidiar con pequeños y grandes enfados y la frustración.
– Conseguir un estado mental específico para las frustraciones: 1º Respirar hondo y date tiempo para reaccionar, así evitaremos acumular presión sobre uno mismo y transmitirla al niño. 2º Recordar que no tenemos el poder de calmar a los niños inmediatamente.
– Hablar en el momento adecuado: Hablar suele ser innecesario al principio de una «crisis». Cuando la intensidad disminuya, colócate a su nivel y ayúdale a calmarse mostrando tu empatía. De esta forma le transmitimos nuestra tranquilidad y confianza, puede llevar tiempo.
– Anticiparse a las frustraciones: Observa cual es el desencadenante y cuando lo hayas identificado, adelantarse a ello. Por ejemplo, si aparece frustración esperando la cola del supermercado, pensar algún juego mientras esperamos (por ej. Veo Veo).
– Recuperar la calma: Si tu tensión aumenta, apártate y date tiempo para recuperar la tranquilidad. Esto puede parecer incongruente, pero es preferible distanciarse para no agravar más la situación.
– Expresa tus propias emociones: Expresa a tu hijo tus emociones (Estoy enfadado, estoy contento) y darle ejemplos de estrategias que usamos nosotros para mejorar la frustración y la ira. Debemos ser su “guía”. Enséñale a identificar las emociones que él siente y a ponerle nombre: etiqueta la emoción que está sintiendo para que aprenda a identificarla y reconocerla. Esto lo ayudará a conocerse y a gestionar mejor sus emociones.
– Calmar con un abrazo: Cuando no rechace el contacto, puede ser muy eficaz ofrecerles un abrazo para ayudarles a calmarse (le ofrecemos nuestro abrazo y que sea él el que elija).
– No resolver los problemas que puede aprender a resolver solo. Enséñale a esforzarse para conseguir aquello que quiere y a afrontar las dificultades sin abandonar.
– No ceder una vez hayas marcado un límite. Enséñale que a veces es “no”. Ayúdalo a gestionar el enfado y frustración que sentirá.
– Márcale objetivos. Hay que enseñar al niño a tolerar la frustración marcándole objetivos realistas y razonables, pero sin exigirle que se enfrente a situaciones que sea incapaz de superar.
– Enseñarle a ser perseverante. Aprender que con la constancia puede solucionar muchos de sus problemas, sabrá controlar la frustración en otras ocasiones.
– Enséñale cuándo tiene que pedir ayuda. Si se siente frustrado cuando realiza alguna tarea, tenemos que intentar enseñarle a evitar la frustración: «¿qué podrías hacer en lugar de enfadarte o abandonar aquello que estás haciendo?».
– Modificar la tarea. Enséñale una forma alternativa de lograr sus objetivos.
– Convierte la frustración en aprendizaje. Cuando haya pasado la dificultad, hablad y rescatad las cosas que lo han ayudado a afrontarlo y las que no. De este modo, podrá afrontar el problema por sí mismo/a cuando este se le vuelva a presentar.
En resumen, hay que recordar que la frustración forma parte de la vida. Aunque no se puede evitar, se puede aprender a gestionarla y superarla, y a aumentar de este modo la tolerancia a esta.



